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Bartleby publica el diario que escribió John Steinbeck mientras trabajaba en su novela "Al este del Edén" 16/12/2008Publicado en Actualidad Escuela de Letras



Tanto desde una perspectiva literaria como ética, John Ernst Steinbeck (California, 1902- Nueva York, 1968) fue un escritor arriesgado y muy poderoso que en Diario de una novela: las cartas de "Al este del Edén" (traducción de Eva Monzón, Bartleby, 2008) nos ofrece una visión de la escritura como trabajo diario -con sus técnicas, recursos y revisiones- sometido a la presión de la vida cotidiana, pero que se emprende desde una concepción del mundo, de la novela y de la propia escritura que se modifica a lo largo del proceso de creación. El texto deja al descubierto, con modestia y honestidad, la trastienda del escritor, sus dudas, su necesidad de que alguien lo escuche mientras escribe y también cuando la obra ya es un producto que necesita del lector para completarse.

Redacción Actualidad Literaria

Por Marta Sanz

La idea, explicitada por el propio Steinbeck, de ese cuaderno en el que utilizará las páginas de la derecha para escribir Al Este del Edén y las de la izquierda como un diario que le sirva de sistema de calentamiento y desbloqueo, es hermosa en sí misma; sobre todo por el hecho de que el diario cuenta con un interlocutor: hasta en los géneros aparentemente más íntimos o intimistas, Steinbeck proyecta una visión de la literatura que no tiene sentido sin el otro, sin el destinatario, sin ese lector, al que es preciso conmover y remover, asumiendo el riesgo de dar cuenta de lo imposible a través de la palabra escrita. Escribir sobre dios y el diablo, la belleza y la fealdad, la necesidad mutua de las antagonías; escribir desde la ira, pero sin que en el corazón quede ya acritud... El texto habla del proceso creativo con una sencillez y una autenticidad –buscando a menudo la aquiescencia del destinatario-, con una proximidad y una falta de grandilocuencia, que constituyen una lección para quien se dedica a escribir pero, también y de un modo muy especial, para quien lee.

Pascal Covici compra el cuaderno en el que Steinbeck escribirá y le escribirá: el volumen es el diario de un trabajo creativo en proceso y la constatación de una amistad. La vida y la literatura se entrelazan como casi siempre en los mejores libros: el Steinbeck intelectual, que teoriza sobre la novela y muestra sus preferencias filosóficas (Platón, Lao Tsé, los profetas hebreos...), es a la vez el Steinbeck humano que siente miedo y hace confesiones al amigo. Steinbeck nos enseña cómo se le habla a un amigo y cómo esas palabras, catárticas u organizadoras de la propia conciencia, se ponen al servicio de la escritura, como recurso para superar escollos y seguir avanzando. El autor entrelaza permanentemente la teoría del escribir con la praxis del vivir y al revés la praxis del escribir con la teoría del vivir. En el volumen se deja ver la trascendencia de las cosas aparentemente pueriles en el proceso creativo. La figura del escritor se humaniza, porque el escritor ha de ir al dentista, ha de hacer labores domésticas, ha de convivir con el ruido de los niños –un ruido que no siempre molesta, dice él- y, sobre todo, disciplinarse para poder sacar su trabajo adelante. Por eso, el diario da cuenta de manera pormenorizada de los hitos de la escritura de la novela: el arranque, el fin de semana en el que se llegará a la página 100, el número de palabras que se escriben por página...

Steinbeck aporta una visión profundamente comunicativa del fenómeno literario. La carta a Pascal Covici, con la que se cierra el volumen, refleja las pulsiones de cualquier escritor, no sólo ante las incertidumbres que le suscita su propia obra, sino ante la recepción de lo que el autor llama “leones”: el editor, el corrector, el responsable del departamento de marketing, figuras que a menudo toman el nombre del lector en vano para apuntar que el libro es demasiado largo o demasiado corto, que el final es incomprensible –“y los lectores no lo entenderán”- o que los personajes son inconsistentes. Steinbeck identifica al autor con un ser humano vulnerable tras el esfuerzo. Y lo hace con mucha gracia.

En definitiva, un libro interesantísimo por sus valores humanos y literarios, en el que encontramos una atractiva concepción y materialización de eso que los anglosajones llaman work in progress.

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