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Los cuentos de Larry Brown son una propuesta casi definitiva sobre la Norteamérica más abismal 27/11/2010Publicado en Revista Culturamas



La película es la siguiente: alguien va al cine, el film le deja impactado, averigua que está basado en un libro de relatos de un tal Larry Brown, adquiere el libro (ese alguien es un curioso peligroso, un perro de caza), el libro está en inglés (ese alguien domina el inglés, of course), le parece bárbaramente bueno, jodídamente increíble y decide traducirlo al español para compartirlo con los no angloparlantes, una vez traducido, confiado por el diamante que posee, se da de narices con docenas de puertas de editores, pero ese alguien (perro de presa, ya lo dije) no se da por vencido e inicia una cruzada para lograr publicarlo, más o menos al final de esta historia encuentra a otro alguien que algo de esto (de publicar, digo) sí que sabe y le convence para que se haga con los derechos en español de los cuentos, ese alguien que sí que sabe algo de esto de editar decide hacer un experimento y envía las galeradas a unos cuantos zumbados (perdón, profesionales, libreros, escritores, críticos y demás parranda del oficio) a ver qué sucede, y sucede que nadie queda indiferente ante la propuesta literaria que Larry Brown ofrece, sucede que las comparaciones con Carver o Cheveer o Bukowski se amontonan a la vuelta de correo, sucede que, aunque fuese imposible, se ha ido más allá de los maestros.

Ese primer alguien tiene nombre, Luis Ingelmo, y a él debo agradecer las horas que he disfrutado con la lectura de Amor malo y feroz.

De carácter marcadamente autobiográfico, los cuentos de Larry Brown son una propuesta casi definitiva sobre la Norteamérica más abismal. Bebedores compulsivos que no tienen otro entretenimiento que conducir sus furgonetas (las famosas pick-up) por carreteras secundarias escuchando música (buen rock, por cierto), perdedores en el infierno de una ciudad pequeña, paletos habituales en bares desangelados en la rueda de las rondas de cerveza, soñadores sin esperanzas en lograr el objetivo. Sus personajes son héroes de la vida: Viven a pesar de estar muertos.

Larry Brown se empapó de ese espíritu atractivo y bondadoso del perdedor leyendo los libros de Carver, Bukowski y Flannery O`Connor. Pasaba las noches de guardia en el puesto de bomberos leyendo y escribiendo lo que veía, lo que sentía, lo que vivía. Muchos de estos relatos hablan de eso, del anhelo por ser escritor, por llegar a publicar, algo que a él le atormentaba. A Larry Brown le costó muchos años ver publicado su primer cuento (concretamente diez) y su primer libro de relatos tardó unos cuentos más en llegar.

Fiel al espíritu de los autores que leía, alcanza y supera en algunos casos con sus escritos a sus ídolos. Relatos como Esperar a las señoras o Amor malo y feroz, que da título a este volumen de relatos, muestran un marcado acento hemingway. Profundiza aún más el autor en el secreto oculto a la búsqueda del lector cómplice que se identifique con el escrito (o con él, no estoy muy seguro). Los relatos de la primera parte del libro son homenajes a estos autores, pero homenajes que se convierten en joyas distintas, de diferente luminosidad.

¿Por qué sucede esto?¿Qué tienen que no tuvieran aquellos? Están muy bien escritos. Trabajados y medidos, la mayoría de los relatos dejan un regusto amargo en la boca por el tema tratado y una sensación de placidez por la composición del cuento en sí.

Si alguno de ustedes aprecia o ha apreciado los cuentos de Fante o Cheveer, Hemingway o McCarthy, si el realismo social le es próximo y amigable, si ha intentado escribir o es un escritor (ah, esa tercera parte, esos 92 días), si disfruta con la lectura de cuentos y relatos, estoy convencido de que este libro no les defraudará.

Por último, un consejo: busquen un álbum de Thin Lizzy (Live and Dangerous o Jailbreak no estarían mal, pero vale cualquiera de su primera época con el inconfundible Phil Lynott al frente) y póngalo a bajo volumen mientras leen los primeros cuentos. No pregunten porqué y háganlo. Ya me dirán...

ESTEBAN GUTIÉRREZ GÓMEZ

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