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La memoria de Leopoldo de Luis 22/08/2010Publicado en ABC Córdoba



Góngora en la cabeza también a la partida de un vagón de madera renqueante. A lo lejos veía los perfiles de Medina Azahara. Un pañuelito blanco aún en el bolsillo».

En esa página no se dice el nombre de quien está a punto de emprender un viaje contra su voluntad, aunque le termine deparando cosas trascendentales para su futuro, pero sí se sabe de dónde sale. «Si olvido, nunca merezcan mis ausentes ojos ver tu muro, tus torres y tu río, tu llano y sierra, oh patria, oh flor de España». El protagonista de este pasaje es el poeta cordobés Leopoldo de Luis (1918-2005) y el autor su hijo, el también escritor y profesor Jorge Urrutia, que recuerda en su última obra estos momentos trascendentales en la vida de su padre.

Urrutia acaba de sacar a la luz «De una edad tal vez nunca vivida», publicado por Bartleby Editores, en el que propone un singular ejercicio literario en el que mezcla sus propios recuerdos con relatos de ficción. Aunque insiste en la necesidad de salvar las distancias, Urrutia emparenta su obra con otras de poesía en prosa como «Platero y yo», de Juan Ramón Jiménez; y «Ocnos», de Luis Cernuda y lo califica como «relato poético» donde se mezclan unos recuerdos con otros de forma consiciente.

«De una edad tal vez nunca vivida» no es una biografía de Leopoldo de Luis, aunque el poeta aparece y con gran protagonismo. Comienza con un momento de su vida: el momento en que lo detienen tras la Guerra Civil y lo condenan a un campo de trabajo por sus ideas y tras haber combatido junto al Ejército Republicano. Tras terminar la contienda, se había escondido en casa de Vicente Orti, catedrático de Literatura y amigo de su padre, que también había tenido antes buena relación con Julio Romero de Torres.

Allí lo terminarían encontrando para hacerle cumplir su condena. Urrutia relata la historia de cómo Leopoldo de Luis viajó a Jimena de la Frontera, la comarca gaditana del Campo de Gibraltar. «En un tren de ganado sin ganado. El ganado éramos nosotros», solía decir él.

En aquel campo de trabajos forzados le aguardaba el duro trabajo de construir carreteras que comunicasen el Campo de Gibraltar y sirviesen para el Ejército en caso de que los aliados quisieran invadir España a través de la Roca. Pero también el encuentro más importante de su vida, narrado con lirismo en el libro: una joven se acerca y Leopoldo de Luis le pide agua y ella se la trae.

El agua de María

Era María Gómez, Mariquita en su juventud y en el libro, que se terminaría casando con el escritor y a la que dedicaría los más emocionantes versos, que también aparecen reflejados en el libro.

El autor de «De una edad tal vez nunca vivida» evoca estos recuerdos como aquello que era capaz de alejar a su padre de la dura realidad: «Nada importa el trabajo, las piedras, la carreta, el camino o la lluvia, las órdenes, los guardias [...] todo se borra ya, empapado por ti, por el agua que trajo la jarra de tu mano, que miraron tus ojos».

Los versos de Góngora sirven para ilustrar las páginas en las que el autor habla de estos años trascendentales en la vida de su padre. El libro abunda en numerosos recuerdos de Jorge Urrutia, tanto de su barrio madrileño como especialmente de la localidad gaditana donde la familia acudía en periodos de vacaciones. También de Córdoba porque, como apunta el escritor, su padre se sintió muy cordobés toda su vida. En una de sus visitas, Urrutia recuerda cómo varias personas le identificaron como cordobés a pesar de que su acento no le delataba, «lo que le causó mucho orgullo».

Nunca se desvinculó de Córdoba pese a residir en Madrid. Colaboró con la revista «Cántico» y, pocos días antes de morir, su hijo recibiría en su nombre la Medalla de Oro de Córdoba, que luciría durante el velatorio.

El libro abunda después en los recuerdos personales del autor, especialmente de Jimena de la Frontera, donde reconoce un vínculo muy especial. «Soy muy madrileño, pero en Madrid existe el arraigo del desarraigo, como si no fuéramos de ningún sitio, y esa unión la tengo con Jimena».

LUIS MIRANDA

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